AUGUSTO B. LEGUIA
 

 
AUGUSTO B. LEGUIA
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Homenaje a Don Augusto B. Leguía, Presidente del Perú
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“Yo he roto sin vacilar esta gran cadena que nos esclavizaba al pasado y he preferido la vida al dolor, la realidad a la utopía,
para que el Perú irguiéndose sobre el surco de sus infortunios, se encamine valerosamente hacia el porvenir”
(Augusto B. Leguía, 24 de mayo de 1929)

Esta página web es un homenaje a la personalidad del gran peruano que fue Don Augusto B. Leguía.

Descendiente de un antiguo funcionario español del Perú virreinal llamado Eustaquio Leguía y Haro, Don Augusto Bernardino Leguía Salcedo fue un personaje importante de la Historia del Perú. Nacido en Lambayeque, en 1863, fue un gran hombre de negocios orientado principalmente a la exportación y a los seguros, habiendo sido fundador y representante de empresas y conocido en círculos bursátiles en Europa y Estados Unidos.

Su patriotismo se expresó desde muy temprana edad, ya que a los 18 años había participado (y herido) en la defensa de Lima, capital del Perú ante la invasión chilena durante la Guerra del Pacífico.

Siendo un hombre de fama y fortuna fue llamado por el Presidente Manuel Candamo (1903-1904) a dirigir el Ministerio de Hacienda (Economía) en momentos muy graves para la República y recibiendo una marcada oposición del Congreso de la época (de mayoría “civilista”) para la aprobación de sus proyectos.

Posteriormente ejerció la Presidencia de la República del Perú entre 1908 y 1912, 1919-1924, 1924-1929 y 1929-1930.

En su primer gobierno (1908-1912) aún habiendo sido promovido a la presidencia por el partido civilista, debió alejarse de éste debido a que la presión ejercida no le permitía gobernar en paz. Durante esta época intentó desarrollar e implementar la educación, no siendo posible llevar adelante sus medidas por cuestiones presupuestales, las cuales fueron superadas en su siguiente gobierno, proclamando una ley de educación escolar obligatoria (1920).

Fue deportado por Guillermo Billinghurst (Presidente entre 1913-1914). Durante este tiempo la economía se encontraba mal por lo que hubo un paro general.
Leguía regresó a Londres donde retomó a sus negocios, volviendo del exilio para las elecciones de 1919 rodeado de una multitudinaria popularidad. Ganó en medio de unas elecciones muy desordenadas y con visos de fraude por parte de enemigos políticos, por lo que para cuidar su elección debió presentarse el 4 de julio de 1919 en el Palacio de Gobierno de Lima, apoyado por el ejército para ejercer el poder.

Discurso del Presidente Leguía, en el Parque 8 de Setiembre, con motivo de su homenaje.

En sus sucesivos gobiernos hubo un notable crecimiento económico, modernización del país y visibles éxitos a nivel internacional. Dejó innumerables obras y nuevas instituciones, muchas de las cuales fueron inauguradas o se presentaron como iniciativa de los posteriores presidentes.

Evidentemente, cometió algunos errores y muchas de sus decisiones han sido objeto de controversia, como el hecho de haber modificado la Constitución Política para permitir su reelección, cierto colaboracionismo con los EE.UU. o la Ley de Conscripción Vial (que obligaba a todo peruano entre los 18 y 60 años a participar temporalmente en las obras camineras que se venían ejecutando por todo el país, ley que fue aprovechada para favorecer intereses particulares y usada en contra de la población indígena), o su política exterior destinada a fijar definitivamente las fronteras con países vecinos (como la cesión del llamado “Trapecio Amazónico” a Colombia durante el Tratado Salomón-Lozano de 1922), logrando definir las fronteras con Brasil y Bolivia, y hacer cumplir con Chile el Tratado de Ancón de 1883 que había sido descuidado habiendo transcurrido mas de los 50 años acordados, recuperando el departamento de Tacna y una indemnización por parte de Chile, como estipulaba el Tratado)

Asimismo se reprocha un exagerado panegirismo en las letras, las artes y la política, que actualmente se denomina “culto a la personalidad”.

En 1929 Augusto B. Leguía tenía intención de entregar la presidencia en las próximas elecciones e irse a vivir sus últimos años con parte de su familia a Paris. No tenía un sucesor que continúe sus obras y su entorno le insistía en volver a postular a la presidencia, lo cual fue un grave error.

Ese mismo año, tuvo lugar el famoso “crack” de la Bolsa de Nueva York, trayendo la ruina de muchos negocios y la caída de la economía mundial, que arrastró a varios países, entre ellos el Perú y la caída de presidentes de países latinoamericanos como Chile, Argentina, Brasil, Cuba, etc.

En agosto de 1930, el Teniente Coronel Luis M. Sánchez Cerro se sublevó en Arequipa motivando desórdenes, matanzas, vandalismo y violencia en Lima por lo que una junta militar intentó deponer al Presidente Leguía a pesar que éste ya había renunciado y había nombrado un gabinete militar para la transición del gobierno.

El presidente se vio obligado a partir al exilio en el crucero Grau, rumbo a Panamá, sin embargo fue obligado a regresar, siendo apresado. Los bienes de Leguía y sus colaboradores fueron confiscados y sus casas saqueadas.

La Junta Militar temiendo que el presidente legítimo escape y retorne al poder, hizo todo lo posible para mantenerlo prisionero en medio de condiciones infrahumanas que terminaron por recrudecer sus enfermedades, dada también su avanzada edad.

Se formó el llamado Tribunal de Sanción que era una especie de inquisición política sin ningún tipo de garantía ni respeto a la legislación vigente para juzgar tanto a Leguía como a diversas autoridades de su gobierno.

Quedó así el gobierno de Sánchez Cerro, enlodado, además de su carácter inconstitucional, por la venganza y la arbitrariedad política. El y sus sucesores hicieron todo lo posible para que jamás salga de la prisión, inventándole diversos delitos como un supuesto enriquecimiento ilícito, cuando el ya era un hombre de fortuna antes de ingresar a la política, la cual había descuidado al final de su presidencia.

Se procedió a cambiar de nombre o borrar todas las pruebas y obras de su gobierno, así como placas recordatorias, documentos, libros, fotografías, etc. y hasta a asaltar y destruir su casa en Lima, en la cual no se encontró las supuestas riquezas que se creían.
Finalmente, tanta fue la campaña de difamación contra el Presidente Leguía que sucesivamente se fue repitiendo lo dicho por los golpistas, quedando asentada como una supuesta verdad, creyendo algunos que Leguía tuvo un gobierno nefasto y que se enriqueció de las arcas del gobierno.

Sánchez Cerro ordenó que Leguía sea confinado brevemente en la Isla San Lorenzo, de allí a la Penitenciaria de Lima y finalmente al Hospital Naval de Bellavista donde sufrió un atentado con una bomba, falleciendo finalmente el 6 de febrero de 1932, anciano, pobre, enfermo e impedido de ver a su familia.

“Padre, quiero daros mi último encargo: Deseo que digais que no guardo rencor por nadie, que a todos los que han procurado hacerme mal los perdono de todo corazón, que deseo que este Perú que tanto he amado, que esta Patria querida sea felíz y próspera. Decid a mis hijos que para ellos ha sido mi último pensamiento, sobre todo para mis hijas, ¡pobres mis hijas mías!”
(Augusto B. Leguía en su lecho de muerte, al Misionero Descalzo, Reverendo Padre Fray Esteban Pérez)


Una de sus hijos, la señora Enriqueta Leguía Olivera de Lange, nacida en Lima, en 1922, fue inocente víctima de la violencia desatada en tales circunstancias y testigo de las vejaciones que sufrió su padre entre 1930 y 1932. Actualmente viuda y ya retirada, desde 1999 viene dedicando los últimos años de su vida a tratar de difundir la vida y las obras de su padre y a recuperar libros, documentos, fotos, objetos y otros testimonios de la época, parte de los cuales se muestran en esta página como una contribución a la investigación histórica y para dar a conocer las obras durante los gobiernos del presidente Leguía, que fueron ocultadas por sus opresores y desconocidas durante mucho tiempo.
“Mi nuñez
fue un sufrir y un penar
muy amargo
de la vida al despertar,
y a mi entender
no existía ninguna razón,
ni podía haber una explicación”

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